Los Simpson no adivinan literalmente el futuro. La impresión nace de combinar cuatro cosas: llevan décadas produciendo cientos de episodios; sus guionistas satirizan tendencias políticas, tecnológicas y sociales que ya existen; recordamos mucho las coincidencias y olvidamos miles de chistes que nunca ocurrieron; y en Internet circulan montajes atribuidos falsamente a la serie. Algunas coincidencias sí son llamativas como mencionar una presidencia de Donald Trump o mostrar «20th Century Fox, a Division of Walt Disney Co.» años antes de la compra, pero son sátira y extrapolación, no pruebas de capacidad profética.

