La popularidad de Los Simpson se explica porque funciona a varios niveles. Un niño puede disfrutar de las travesuras de Bart o Homer, mientras un adulto reconoce sátira política, referencias cinematográficas y críticas a la sociedad. Springfield ofrece además cientos de personajes recurrentes, lo que permite contar historias muy diferentes sin abandonar el mismo universo. A esto se suma que lleva décadas en televisión, ha sido doblada a numerosos idiomas y ha generado películas, videojuegos, productos y memes. Esa combinación convirtió a la familia Simpson en una de las marcas más reconocibles de la cultura popular.

